Durante años, el dengue se ha percibido en España como una enfermedad lejana, asociada principalmente a viajes a zonas tropicales. Sin embargo, esa idea empieza a quedarse corta. El aumento de casos en distintas regiones del mundo, la movilidad internacional y la expansión de mosquitos capaces de transmitir el virus obligan a mirar esta enfermedad con una perspectiva más amplia: la de la salud pública global.
El dengue es una infección vírica transmitida por mosquitos del género Aedes. En la mayoría de los casos produce fiebre, dolor de cabeza, dolor muscular o articular y malestar general. Pero en algunas personas puede evolucionar a formas graves, especialmente cuando existen infecciones sucesivas por distintos serotipos del virus.
Un problema global en expansión
La Organización Mundial de la Salud ha señalado que en 2024 el dengue alcanzó niveles sin precedentes, con más de 14,4 millones de casos notificados y más de 11.000 fallecimientos en las seis regiones de la OMS. No hablamos, por tanto, de una enfermedad anecdótica, sino de uno de los grandes retos actuales en enfermedades transmitidas por vectores.
En España, el Instituto de Salud Carlos III ha descrito un máximo histórico de casos importados en 2024, con 1.113 casos importados notificados entre los 1.119 casos registrados ese año. Este dato no significa que el dengue sea actualmente una enfermedad endémica en nuestro país, pero sí confirma que cada vez lo veremos más en la consulta, en urgencias, en medicina del viajero y en vigilancia epidemiológica.
El mosquito tigre cambia el escenario
Uno de los elementos que más preocupa a los expertos es la expansión de Aedes albopictus, conocido popularmente como mosquito tigre. El ECDC sitúa ya este mosquito como establecido en 369 regiones de 16 países de la Unión Europea y el Espacio Económico Europeo, incluida España.
Esto no significa que vayamos a tener dengue de forma generalizada, pero sí que existen condiciones que pueden facilitar casos autóctonos cuando coinciden tres factores: una persona infectada que llega de una zona con transmisión, presencia del mosquito vector y condiciones ambientales favorables.
Por eso, el dengue debe abordarse desde una visión One Health: salud humana, salud ambiental, movilidad internacional, vigilancia de vectores y educación sanitaria. En las Jornadas Balmis ya se ha destacado la importancia de este enfoque para anticipar riesgos relacionados con enfermedades infecciosas y vectores.
¿Cuáles son los síntomas del dengue?
El dengue suele comenzar entre 4 y 10 días después de la picadura de un mosquito infectado. Los síntomas más frecuentes incluyen:
- Fiebre alta de inicio brusco.
- Dolor de cabeza intenso.
- Dolor en los ojos.
- Dolores musculares y articulares, motivo por el que históricamente se le ha denominado «fiebre rompehuesos».
- Náuseas y vómitos.
- Cansancio intenso y malestar general.
- Erupción cutánea o sarpullido.
La mayoría de las personas se recuperan en una o dos semanas, pero algunos casos pueden evolucionar hacia formas graves de la enfermedad. Los signos de alarma suelen aparecer cuando la fiebre comienza a descender e incluyen dolor abdominal intenso, vómitos persistentes, sangrado de encías o nariz, somnolencia, dificultad respiratoria o sensación de debilidad extrema. Ante cualquiera de estos síntomas es fundamental buscar atención médica inmediata.
Reconocer el dengue de forma precoz es especialmente importante en viajeros procedentes de zonas con transmisión activa, ya que permite un mejor seguimiento clínico y contribuye a la vigilancia epidemiológica.
Prevención: la primera línea de defensa frente al dengue
La prevención del dengue se basa principalmente en evitar las picaduras de mosquito y reducir los lugares donde estos insectos pueden reproducirse. Las medidas más recomendadas son:
- Utilizar repelentes autorizados siguiendo las indicaciones del fabricante.
- Llevar ropa de manga larga y pantalones largos, especialmente durante las horas de mayor actividad de los mosquitos.
- Dormir en habitaciones con aire acondicionado o protegidas con mosquiteras cuando sea necesario.
- Emplear mosquiteras, especialmente en niños pequeños y personas vulnerables.
- Evitar la acumulación de agua estancada en macetas, cubos, bebederos o recipientes exteriores, ya que constituyen lugares ideales para la reproducción del mosquito Aedes.
- Consultar previamente con profesionales sanitarios especializados antes de viajar a zonas con circulación del virus.
¿Existe vacuna frente al dengue?
Sí. La Agencia Europea del Medicamento recoge que Qdenga es una vacuna indicada para ayudar a proteger frente al dengue y que puede administrarse a adultos, adolescentes y niños desde los 4 años, de acuerdo con las recomendaciones oficiales.
Ahora bien, no todas las personas necesitan vacunarse frente al dengue. La indicación debe valorarse de forma individual, especialmente en viajeros a zonas de alta transmisión, personas con antecedentes de dengue o situaciones concretas definidas por las autoridades sanitarias y los especialistas en vacunación internacional.
Brasil como advertencia y como aprendizaje
Brasil es uno de los mejores ejemplos recientes para entender la magnitud que puede alcanzar el dengue cuando la transmisión es intensa. En 2024, el país vivió una epidemia excepcional: la OMS recoge más de 10 millones de casos y 6.321 fallecimientos, y la documentación revisada por el Instituto Balmis también señala ese año como un punto de inflexión en la serie histórica brasileña.
Ese escenario permitió evaluar la vacuna Qdenga (Takeda) en condiciones reales durante el brote de São Paulo. Un estudio en adolescentes de 10 a 14 años observó una efectividad ajustada del 50,2% frente al dengue sintomático tras una dosis, del 61,7% tras dos dosis y del 67,5% frente a hospitalización tras una dosis. La lección es clara: la vacunación puede ser una herramienta útil, especialmente para reducir enfermedad y hospitalizaciones en grupos definidos, pero debe integrarse con vigilancia epidemiológica, diagnóstico precoz, control del mosquito y prevención de picaduras.